Noche estrellada, de Isabel Suppe.

Fueron tan brutales y crudas las circunstancias en las que la conocimos, que con ellas bastó para que Isabel se nos quedara dentro. Para siempre.

Nada más verla supimos que es una luchadora, que apisona los reveses con los que la vida le pone la zancadilla con una pasión avasalladora. Que no hay nada que la pueda detener. Pero lo que no sabíamos entonces era que, además, Isabel escribe. Que construye caleidoscopios con palabras para transformar la propia raíz de la realidad. Con bellísimas frases dibujadas con el bolígrafo y con las huellas de sus pies, teje un sentido poético sobre el que sustenta su vida, su propio mito personal. Escribe y, al escribir, aun contando una historia real, Isabel crea la propia realidad. Seguir leyendo Noche estrellada, de Isabel Suppe….

Bájame de las nubes

 

 

 

 

 

 

 


Nube: FRACTALES DEL SUEÑO

Vía: QUE ALGUIEN ME AYUDE A BAJARME DE LAS NUBES

Dificultad: ABO, VI/WI6
L1: 65º, 50 mts
L2: 75º, 55 mts
L3: 75º, 50 mts
L4: 80º, 55 mts
L5: 95º, 55 mts
L6: 95º, 60 mts, ojo al roce de la cuerdas
L7: 90º, 40 mts
L8: 85º, 50 mts
L9: 95º, 55 mts
L10: 70º, 55 mts
L11: 50º, 55 mts
L12: 40º, 60 mts
Material: 12 tornillos de hielo muuuy largos
Aproximación: caminar hasta el final del horizonte en dirección a la nube
Descenso: ¡AÚN NO LO SÉ, por eso sigo aquí arriba! ¿Me traes una escalera?
1ª Ascensión: esta misma tarde, a las 5
Observaciones: la nube no sale en los mapas, vía clásica difícil de olvidar
Gracias a jordi rovira por ayudarme con la graduación de la vía.

 

Vístete de azul

y descansa.

 

PARA ENCONTRARNOS

“Andabamos sin buscarnos,

pero andabamos para encontrarnos”

Julio Cortazar

CABALGAR UNA MONTAÑA

Sentada a caballo sobre un bloque de la arista cimera, balanceaba en el aire el peso que los crampones y las botas les imprimían a mis pies.  Mientras tanto, bajando por la ladera de hielo, pilti rapelaba centímetro a centímetro la cuerda.

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Era tarde. Como si la Montaña me hubiera colocado en el centro de un globo vacío, el aire me envolvía por todas partes. Al fondo, en toda la circunferencia, Montañas. Mi Pirineo.

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Pilti tardaba en encontrar la piedra que menos se moviera para montar sobre ella el siguiente rápel. Yo seguía columpiando los pies y aprovechaba la espera para escaparme por un ratito del tiempo. Y entonces el sol se escurrió por detrás de las Montañas.

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Nos costó bajar, pero eso ya da igual. Todas las piedras de donde nos podíamos descolgar se movían como dientes de leche en la boca de un niño de 6 años, y rapelábamos con delicadeza para no arrancarlas con nuestro peso. Luego se nos echó la noche encima y al llegar al bosque nos perdimos. Supuse que nos esperaba una noche larga y fría. “Llevo el plumas, nos lo podemos poner a turnos” pensé.

Nos costó bajar, pero eso ya no importa. Como tampoco importan los inviernos que han pasado desde entonces, o las cimas que hemos alcanzados después de aquella. Una parte de mí se quedó allí arriba para siempre, balanceando los pies, galopando sobre la libertad brutal de la quietud de una Montaña, limpia, desnuda y salvaje, contemplando cómo el sol dibuja círculos mientras va y viene y se vuelve a ir, libre, luz y aire.

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REGALAMONTAÑAS

PreparaosAbrigaos bien. Os llevamos a todos con nosotros.

Queremos ser vuestros regalamontañas. Queremos que nuestras manos sean también las vuestras cuando toquen el hielo. Que nuestra piel sea también la vuestra cuando amanezca desnuda a una vida nueva bajo el sol de cada mañana. Que nuestros pies sean también los vuestros cuando se agoten de tanto imprimir huellas sobre la nieve. Que nuestra sonrisa sea también la vuestra cuando charlemos con la gota de lluvia que pende de la rama de un árbol. Que nuestros ojos sean también los vuestros cuando lloren la alegría de contemplar el vacío desde lo alto de cualquier cumbre.

¿Venís? Abrigaos bien, que hace frío…

ENCUERDAMONTAÑAS

Una cordada es una simbiosis entre dos montañeros. Dos que, atados, son mucho más que uno más uno más una cuerda. Como un liquen. Juntos.

Ahora, la mayoría de las veces jordi y yo formamos cordada. En los sitios por los que yo no podría subir sola, jordi asciende de primero mientras, desde abajo, yo aseguro su progresión vertical y le transmito mi fuerza a través de la soga. Cuando se detiene y monta la reunión, recupera la cuerda para asegurarme a mí. Entonces yo avanzo de segundo por la traza abierta por él.

Avanzo despacio, porque avanzo para recoger palabras por el camino, palabras del suelo. Palabras que le brotan a este paisaje inerte, mineral e inorgánico. Palabras desprendidas del cielo.

Palabras que, camufladas entre copos de nieve, se han depositado sobre la superficie descarnada del hielo y yacen silenciosas y camufladas de blanco, pacientes, sin esperar a que una mano las rescate y unos labios las pronuncien: pero aquí están mis manos, aquí están mis labios, que las alcanzan a través de las cuerdas que jordi me tiende…

Y así nuestro cuento (personal, insignifante y subjetivo) se va escribiendo, muestra sus garabatos helados, empuja con persistencia y exige ser contado desde lugares a los que yo sola no podría llegar y con frases que jordi solo no podría escribir…

¿Lo quieres leer?

Pues aquí empieza…

VAGAMONTAÑAS

Sin trabajo ni casa pero con Montañas: ¡soy VAGAMONTAÑAS!

Vagamunda sin mundo. Mudóvaga. Mundos vagos por donde vagar. Montañas en los vados del mundo. Vagante sin mundo pero con montañas. Vagamontañas.

Hace tiempo, yo era alguien que cada mañana iba a un bonito trabajo. Alguien que vivía en un hermoso piso de alquiler: tres habitaciones, un baño, calefacción central.

Hasta que llegó un momento en el que me di cuenta de que tenía un trabajo para poder vivir en un piso, y vivía en un piso para poder ir al trabajo. Así que un buen día decidí dejar de ir al trabajo y de vivir en un piso.

Ahora vivo en las Montañas, los bosques y las rocas. Ahora vivo donde verdaderamente me siento en casa. Soy caracol y me alojo en mi burbuja con ruedas, mi iglesia móvil: mi furgoneta. Las poquitas cosas que tengo viajan  conmigo: ocupo muy poco espacio en el mundo. Me enriquece la liviana fortuna de sentirse portátil.

Ahora mi furgoneta viaja sin un centro, sin un sitio al que volver, sin campo base. El itinerario que recorre ya no traza una telaraña concéntrica, una margarita cuyos pétalos dibujan aros que regresan a un mismo punto de origen, un núcleo, siempre la misma ciudad, donde había una casa. Ahora mi furgoneta garabatea una telaraña de líneas entrecruzadas que entre dos destinos consecutivos no retorna siempre al mismo lugar. Con la casa a cuestas. Libre.

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